Educar sin premios ni castigos es posible

Educar sin premios ni castigos ¿es posible?


Si te portas bien en la casa de la abuela, te dejo jugar a la play”, decía el otro día una madre a su hijo de 10 años. “Si terinas la tarea antes de comer, te pongo de postre una natilla”, “O te duchas ahora mismo o te vas castigado a tu habitación sin mirar la tele”


Se escuchan muchas frases que salen solas… Lo cierto es que es fácil juzgar las maternidades o paternidades ajenas. Sin embargo, empatizamos con ellas. De algún modo, todos tenemos unas “mochilas cargadas de premios y castigos” y nos cuesta poder convencer a nuestros niños de hacer algunas actividades o tareas o rutinas del día, sin caer en recompensas, premios, castigos o amenazas.

Esas frases, representan a Mamás y Papás que hacen lo mejor que pueden y saben (según sus mochilas de vida y sus experiencias vividas), y SIEMPRE con la mejor intención.

Siguiendo conceptos de Disciplina Positiva, nos animamos a mirar un poco más allá de la acción inmediata y pensar cuestiones a largo plazo que es dónde se verá la verdadera educación de cada niño-

Es probable que, cuando un padre utiliza un premio, pretenda que su hija se motive, adquiera un hábito, asuma alguna responsabilidad, etc. Pero, ¿es esto lo que pasa normalmente con los premios? ¿Qué aprenden realmente mediante el PREMIO?

· Aprenden que lo importante es el resultado y no interesa el proceso: Los niños se distraen de los verdaderos retos. Casi siempre los padres premian los resultados. “Si apruebas todas las asignaturas te regalo…”; “Si terminas la tarea, podrás ir a …”; “Si comes el primero, luego te daré…”. En todos estos casos, al final, lo que más va a importar es el premio y nos olvidaremos del proceso o el esfuerzo que nos llevará a alcanzar la meta.

  • Aprenden que pueden hacer cosas a cambio de beneficios materiales: Sólo haremos la tarea para obtener beneficios a cambio. Esto, en la crianza, tiene numerosos peligros, especialmente a largo plazo, ya que los niños y niñas educadas de esta manera pueden acabar acostumbrándose y que con el tiempo cada vez se necesiten refuerzos más grandes para motivarles. Les interesará muy poco la acción en si misma, sino que sólo interesará “el premio”. Así mismo, también pueden aprender a utilizar el chantaje, de modo que solo quieran asumir responsabilidades si a cambio obtienen alguna recompensa.


· Aprenden a centrarse en lo material y no en lo emocional y social: Cuando un niño ayuda a su hermana pequeña, probablemente surgen en él emociones de manera natural y espontánea. Esto es, no hace falta que las personas adultas intervengamos para que las consecuencias se den. Por ejemplo, un niño que ayuda puede sentirse orgulloso, contento, importante, aceptado, inspirado y un largo etcétera, y su padre o madre no tienen que hacer absolutamente nada para que se sienta así. Es una respuesta instintiva que surge cuando contribuimos al bienestar de otras personas. Si en cambio, le ofrecemos un juguete o un privilegio a cambio… todas estas emociones, se desvanecen y no vuelven a aparecer.


  • Aprenden a priorizar según digan los adultos: Los premios pueden no ser materiales y ser simplemente “alabanzas” y entonces el niño hará o dejará de hacer en función de lo que diga el adulto.


  • Con los castigos aprenden a “defenderse” del adulto: con resentimiento “Esto es injusto, no puedo confiar en los adultos”, revancha “Por ahora ganan… ya me vengaré…”, rebeldía “Les voy a demostrar que voy a hacer lo que quiera…” o retraimiento, “No me atraparán la próxima vez…”

Y entonces, ¿cómo podemos educar sin premios ni castigos?

Algunas formas de intervenir y fomentar la motivación intrínseca para evitarnos premios y castigos, puede ser trabajar desde un enfoque en soluciones en el cual buscaremos que la solución pueda ser relacionada al problema, respetuosa, razonable y útiles a la situación planteada. Para ello, trabajaremos con ciertas herramientas de la Disciplina Positiva que nos darán luz en el camino de conseguir habilidades en el niño que le sirvan a largo plazo.

· Hacer preguntas de curiosidad: Las preguntas de curiosidad empoderan. Resaltan las características y habilidades en las que queremos incidir y se consigue sin elogiar. “¿Cómo has conseguido aprobar el examen?”, “¿Qué truco tienes para acordarte de poner la mesa?”, “¿Cómo te has dado cuenta de que tu hermana necesitaba ayuda?”, Alienta en lugar de alabar: En lugar de decir “¡perfecto!, justo lo que esperaba”, puedes cambiarlo por “¿cómo te sientes al respecto?” o un simple “gracias por poner la mesa”. Pide al niño lo que pueda hacer según su nivel evolutivo: “¿Lo que me pides, estoy capacitado para hacerlo?” ¿Esta tarea es demasiado fácil o difícil para mi?”

· Considerar a los errores como oportunidades de aprendizaje: Los niños suelen prestar más atención a lo que uno hace, que a lo que uno dice. Los niños imitan las palabras y los comportamientos de los adultos que les rodean. Si los errores son oportunidades para aprender ¿cómo se puede crear oportunidades de aprendizaje a partir del propio error?

· Poder hablar con los niños sin necesidad de aceptar todos los retos: Muchos padres o educadores no pueden decir simplemente “no”. Agregan enojo, crítica, culpa o difamaciones de carácter o quieren dar lecciones a los hijos o hacerlos sufrir y luego frecuentemente ceden.

· Decide lo que tú harás y sé consecuente: Es importante que los padres entiendan el valor de decidir lo que van a hacer en lugar de decidir lo que tratarán de hacer que haga el hijo y luego ser consecuente con amabilidad y firmeza


Para concluir, ¿Educar sin premios ni castigos, es posible? SI, CLARO QUE SI, aunque tenemos que tener muy claro, que todas estas propuestas van enmarcadas en un “proceso”, no son trucos, o cuestiones que conseguiremos de un minuto para otro, son propuestas para desarrollar en el día a día con nuestros niños para conseguir habilidades de vida a largo plazo.



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