Vivir con mi adolescente

La adolescencia es un período de la vida tan desconcertante como maravilloso. Comprendido más o menos entre los doce y los veinticuatro años, la adolescencia se considera en todas las culturas como una etapa de grandes retos tanto para los adolescentes como para los adultos que los rodean.

Existen montones de mitos creados alrededor de la adolescencia que ahora la ciencia nos demuestra de manera clara que sencillamente no son ciertos. Estas creencias equivocadas pueden complicar la vida de los adolescentes y los adultos por igual.

Uno de los mitos más frecuentes referidos a la adolescencia es que las hormonas disparadas de los jóvenes hacen que éstos «se vuelvan locos» o «se les vaya la cabeza». Y no es así. Las hormonas sí aumentan durante esa fase, pero no son las hormonas las que determinan lo que pasa en la adolescencia. Ahora sabemos que lo que experimentan los adolescentes es, sobre todo, el resultado de cambios en el desarrollo del cerebro.

Otro mito es creer que el crecimiento durante la adolescencia requiere pasar de la dependencia de los adultos a una total independencia de ellos. Aunque es cierto que existe un impulso natural y necesario hacia la independencia de los adultos que nos criaron, los adolescentes se siguen beneficiando de la relación con los adultos.

La verdad de este asunto es que las características esenciales de la adolescencia surgen a causa de unos cambios saludables y naturales en el cerebro.

Los cambios cerebrales que se dan durante los primeros años de la juventud establecen durante la adolescencia cuatro cualidades en nuestra mente: búsqueda de novedades, implicación social, aumento de la intensidad emocional y experimentación creativa.

Las cuatro características de la adolescencia son exactamente las que necesitamos, no solo para vivir una vida activa cuando somos adolescentes, sino también para que nuestro cerebro siga creciendo a lo largo de nuestra existencia.

Cuando los adultos pierden las cuatro características diferenciadoras de la adolescencia, cuando dejan de cultivar el interés por buscar la novedad, la implicación social, la intensidad emocional y la exploración creativa, la vida puede volverse aburrida, aislada, plana y rutinaria. ¿Quién elegiría de manera voluntaria llevar una vida así? Es probable que nadie. A veces resulta más sencillo poner el piloto automático y funcionar en “modo supervivencia” haciendo aquello que nos crea confianza porque sabemos que funciona.

La idea principal, es saber que necesitamos mantener estas cuatro características de la adolescencia porque son necesarias para vivir una vida activa y para que nuestro cerebro siga creciendo a lo largo de toda nuestra existencia.

Cuando el adulto es conocedor de estos cambios cerebrales, puede acompañar la adolescencia de forma constructiva y colaboradora; manteniendo los canales de comunicación abiertos para potenciar el descubrimiento de nuevas habilidades que pueden evitar comportamientos de riesgo.

Tenemos que buscar el equilibrio entre adultos y adolescentes, y hacer que la energía dirigida hacia la independencia, la búsqueda de gratificación y la pasión por lo nuevo, tengan resultados positivos en la vida.

En la convivencia y el trabajo con los adolescentes es importante tener en cuenta por donde están pasando: el riesgo y la recompensa, el alejamiento, cambios en el cuerpo y en las emociones, transiciones a la vida adulta y nuevas relaciones.

Y tal vez aquí, es el momento más interesante de “volver a sentir” como cuando éramos adolescentes, ponernos en los zapatos de los jóvenes, tener una escucha muy activa con “oídos muy grandes”, sin juzgar, con curiosidad por lo que cuentan y con deseo de “dejar pertenecer”.

Pensamos que muchas de las tensiones de los padres y su reacción ante los adolescentes, podrían ser una profunda añoranza por esas mismas características que ellos pueden haber perdido.

Tal vez si los adultos pudieran recuperar algo de esa esencia vital, el abismo entre las generaciones se estrecharía. Lo que quiero decir con esto, es que a veces lo que vemos en otros nos puede recordar lo que echamos de menos en nosotros mismos, y este recordatorio nos produce frustración, desilusión, rabia y tristeza.

Los adultos tenemos cosas que aprender de la adolescencia como situaciones que ya hemos pasado, y de los adolescentes como personas que están pasando por ese período de desarrollo en ese momento.

Aprender a usar el poder de la mente adolescente puede ayudarnos a tener una experiencia positiva surgida de este período de cambio intenso.

Todos estos cambios cerebrales pueden llevar a resultados positivos. Aferrarse al poder esencial de la mente joven hasta los últimos años de la adolescencia y más allá, hasta los años de madurez, puede capacitarnos para que continuemos un aprendizaje a lo largo de toda la vida y que reconozcamos el importante y revitalizante sentido de la aventura, la vitalidad y el valor que trae consigo la adolescencia.

Os invitamos a la MICRO CHARLA: VIVIR CON MI ADOLESCENTE, y buscar el doble sentido que se encuentra mismamente en el título…

¡Os esperamos!


Ana Lozano Iglesias y Sandra Lea Schuchner

Certificadas en Disciplina Positiva



Bibliografía:

· Tormenta Cerebral, D. Siegel

· Disciplina Positiva para Adolescentes, J, Nielsen , L. Lott


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